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Cómo distinguir una terapia verdadera de una ilusión disfrazada de luz

Los peligros de las terapias holísticas superficiales, rápidas o sin formación real

Cómo distinguir una terapia verdadera de una ilusión disfrazada de luz

Descubre los peligros reales de las terapias holísticas rápidas o mal guiadas, y aprende a diferenciar entre la sanación superficial y la transformación profunda.

La nueva epidemia: la prisa por sanar

Vivimos la era de la espiritualidad exprés: Sesiones de 20 minutos que prometen “limpiar tus traumas”, “cortar karmas”, “borrar vidas pasadas” o “activar tu abundancia”.

Y muchas veces, lo único que activan… Es una ilusión peligrosa de bienestar temporal

Detrás de frases como “todo está sanado” o “ya lo solté”, hay personas que no han hecho el trabajo profundo: ni psicológico, ni emocional, ni ético. Y eso no solo confunde, puede dañar.

Lo que pocos se atreven a decir

Como psicóloga he visto cómo la malinterpretación de lo “espiritual” lleva a la gente a evadir el verdadero proceso terapéutico. Las terapias holísticas mal guiadas no son peligrosas porque sean “energéticas”, sino porque muchas veces son superficiales:
  • No respetan los tiempos del inconsciente,
  • Ni comprenden la fragilidad emocional que se abre cuando alguien está herido.

Una persona vulnerable que busca ayuda y se encuentra con un “sanador improvisado” puede salir más confundida, culpable o incluso retraumatizada.

Para qué NO sirven las terapias holísticas superficiales

No sirven para:

❌Borrar el pasado sin integrarlo.
❌ Evitar el dolor o los duelos naturales.
❌ Reemplazar la psicoterapia profesional o la psiquiatría cuando hay patologías mentales.
❌ Satisfacer la necesidad de control o inmediatez del ego.
❌ “Curar” a otros desde la herida no trabajada.

El alma no sana por decreto, ni por moda. Sana cuando se la mira con verdad, tiempo y humildad.

Para qué SÍ sirven las terapias holísticas (cuando hay formación y conciencia)

Las terapias holísticas auténticas, bien guiadas, pueden ser profundamente transformadoras. Su propósito no es reemplazar la psicología, sino complementarla desde el alma.
Ampliar la conciencia: ayudan a reconocer dimensiones espirituales, energéticas y simbólicas del sufrimiento.
Conectar cuerpo, mente y espíritu: integran lo emocional, físico y espiritual en un mismo plano.
Abrir caminos de autoconocimiento: enseñan a observarse sin juicio, a perdonar, a reconciliarse.
Acompañar procesos clínicos: complementan la terapia tradicional, ayudando a reducir estrés, ansiedad o bloqueo emocional.
Fomentar la responsabilidad personal: enseñan que sanar no es culpar a nadie, sino hacerse cargo de la propia energía.
La diferencia está en la profundidad y la ética del terapeuta.

Los peligros reales: cuando la espiritualidad se vuelve anestesia

Hoy abundan coaches, guías o “maestros” que nunca sanaron sus propias heridas, pero enseñan a “manifestar”, “canalizar” o “curar” a otros. Este fenómeno, conocido como “bypass espiritual”, es una forma de evasión disfrazada de luz.
No es sanación. Es huida con incienso. Cuando una terapia promete eliminar el dolor sin enfrentarlo, está haciendo lo mismo que hace el sistema que nos enferma: nos aleja de la verdad y del cuerpo.

Desde la mirada psicológica

El cerebro necesita procesar las experiencias, no saltárselas. Los traumas no se “limpian”, se integran mediante un trabajo progresivo entre la conciencia, el sistema nervioso y la emoción.

Las prácticas holísticas pueden activar procesos neurobiológicos de calma (como la meditación o la respiración), pero si se hacen sin sostén emocional o sin contención profesional, pueden abrir heridas sin capacidad de cierre.

Por eso, la espiritualidad sin estructura psicológica es como operar sin anestesia ni bisturí limpio: la intención puede ser buena, pero el daño puede ser real.

La regla de oro

  • No toda persona con buena energía es terapeuta.
  • No toda terapia que te hace llorar, te sana.
  • No todo lo espiritual es profundo.
  • Sanar no es volar.
  • Sanar es descender con conciencia al lugar donde dolió y traer de allí la fuerza del alma.

La verdad más profunda

No hay terapia peligrosa. Hay terapeutas sin proceso y pacientes que confunden consuelo con sanación. La espiritualidad no es entretenimiento. Es una disciplina del alma que requiere formación, humildad y respeto por el dolor humano.

Si eres buscadora o terapeuta…

Hazte esta pregunta antes de ofrecer o recibir una terapia: “¿Estoy haciendo esto para sanar… o para no sentir?” Porque ahí, justo ahí, empieza el camino verdadero.

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